martes, 1 de febrero de 2011

El destino

Introducción

Siempre que nos sucede algo que cambia radicalmente nuestra forma de ser o vivir, pensamos de alguna manera eso era imposible de esquivar, que tenia que suceder; pero también habrá algunos de nosotros quienes creamos, que los hechos sucedidos son producto de la casualidad, al azar o la circunstancias ¿existe en realidad eso que llamamos destino? ¿Existe un final inevitable?
Hablar del destino ha sido un tema de mucha polémica pues es algo que nos rige a diario. Muchas personas dicen cuando le suceden mas que todo cosas malas “este es mi destino, y tengo que llevarlo aunque sea doloroso” ¿será eso el destino?

La vida es una momentánea luz, no sabemos cómo y cuándo se apagará, pero si estamos seguros que algún día estaremos cruzando el triste ocaso de nuestra existencia ¿ocurrirá porque tenía que ocurrir? o ¿es que alguien a dado a nuestro ser la finitud para que en un momento a otro, nuestra corta vida perezca? ¿Existe una extensión de nuestra realidad que no morirá? o ¿es que como aquel objeto desapareceremos de la faz de la tierra?

















¿Qué es el destino?

A veces en el diario vivir, encontramos situaciones difíciles que agobian nuestra existencia, y despiertan en nuestro interior cuestiones que de alguna u otra forma nos proyectan a una verdad que no vislumbramos a simple vista. Nos quejamos que nos pase esto o lo otro y pensamos que sucedió porque así tenía que pasar, y nunca llega a nuestra mente, que existe Alguien que ha ordenado todo, y nada hace que no este fuera de su sabiduría, nada pasa en el mundo que Él no lo permita, y es en este punto donde debemos buscar respuestas a nuestras inquietudes de la vida.
En realidad no es azar el accidente que tuve ayer, la lluvia que empapó la tierra a noche, el problema que me encontré en mi hogar… Lo que ocurre en el mundo no es casualidad, ¿Acaso es casualidad el haber nacido? ¿Es casualidad mi existencia? Toda la materia del mundo obedece a un plan inteligible elaborado por una Providencia Universal, si pasa esto u ocurre lo otro no es porque así tenía que suceder
A lo largo de nuestra existencia encontramos situaciones difíciles que no dejan en paz a nuestra actividad intelectual, nos preguntamos el porqué de nuestro fracaso: ¿por qué, si todo lo llevaba bien? ¿Qué hice para merecerme esto? Y solo nos quedamos preguntando por qué esto, por qué lo otro y jamás decimos ¿Para qué me sucedió esto?
Muchos de nosotros sabemos poco o nada sobre el. A algunos nos aflige, a otros nos importa muy poco otros hacen o ganan su vida hablando a diestra y siniestra. Desde la remota antigüedad en la vida humana hemos presentado cierto respeto y hasta temor por este tema.
Al (afrontarlo) abordarlo debemos primero a aclarar que el hombre existe no por casualidad o porque la naturaleza es esa.
Desechemos la tesis existencialista solo existe esto, no hay nada después, la vida no tiene un propósito y también la materialista somos resultados de un largo proceso de cambio y configuración de la materia por tanto lo que tenemos y podemos producir para nuestro bien es lo único que importa. Y centrémonos en le pensamiento de que hay algo mas después de esta breve estancia y la tierra, nuestra existencia es el resultado no de la casualidad ni mucho menos de la evolución porque ¿Cómo puede haber casualidad o evolución en la nada, nada surge de la nada? Nadie puede dar lo que no tiene. No se le pide un arco iris o un pájaro o una nube a un hombre, no la posee, no puede crearla como nosotros la pedimos. La vida a sido creada, no puede haberse hecho a si misma. Un hombre puede haberse hecho nacer, nadie decide vivir, se nos ha dado la vida como un don.
Vivir a de tener, por consiguiente un propósito, un objetivo, ¿para que fui creado? ¿Hay algo especifico para lo que he nacido? o ¿he nacido solo para las variadísimas circunstancia y situaciones humanas me moldeen y recreen? Sobre la vida: no podemos creer razonablemente tampoco que ha existido siempre en plano humano o material, la ciencia lo ha demostrado; la materia tiene un (inicio y final) un principio y un fin. Así, la vida, la tierra, el hombre nació en un momento dado y así como un niño necesita de su madre para nacer, así la vida, el hombre el mundo necesito de un supremo creador para existir.
Por lo tanto la existencia humana (mi vida, tu vida, nuestra vida) tiene un sentido de ser, un prepósito. No es coincidencia que estés jaca leyendo esto, como no es confidencia de que hayas nacido. Existe el fin y existe la finalidad. ¿Cuál es la finalidad de la vida? ¿Es destruir, es exterminar? ¿No se supone lo que es la vida solo puede generar mas vida, que la luz solo puede crear mas luz, que la violencia solo engendra mas violencia, que la paz solo acarrea paz?
Si en verdad el destino existe ¿puede llegar a conocerse? Es decir puedo saber para que fui creado. Al pensar sobre una finalidad de nuestra vida, muchos piensan que esto es ser pesimista y en realidad la gran mayoría lo ve así: ¿que puedo hacer a mí me toca? Así tenia que ser Lo que tiene que pasar pasara. Estas y muchas afirmaciones pesimistas sobre el destino podemos citar. Por afirmaciones a así muchos se rehúsan a creer. Cometen el pero de las estupideces `pensar que se puede hacer de la vida cualquier cosa, la vida es casual, un oportunidad de vivir el momento y gozar o algo mas inmaduro que eso. Salta a la vista que unos tienen capacidad diferentes a otro, que unos tienen inclinación al arte y otros a la ciencia, que uno gusta de la medicina, otro de la enseñanza y otro de la construcción. Cada uno debería saber que le gusta hacer, que hace bien y cuales son sus posibles oportunidades.
El destino del que hablamos no es que el usualmente se mantiene como “porvenir”, el puede conocerse por medio de la palabra “oráculo”, mucho menos el “pronostico”. La vida humana es muy complicada como para que un “hombre” pueda decirnos exactamente como terminaremos nuestros días sufriendo que cosas, con cuales personas y donde. Y aunque es desconocido sabemos que hay algo que nos espera a delante, que ciertas cosas serán inevitables no pretendemos trasmitir miedo. Hay cosas que son irremisibles. Y por ley natural podemos llegar a conocer, por ejemplo, la muerte de nuestros padres o hermanos, el alejamiento de nuestra familia, el cambio físico- corporal, e incluso podemos prever el cambio en cierto grado de nuestra forma de pensar, ser y actuar; eso influirá en alguna medida en nuestra vida, si llegamos a tenerla.
Nuestro futuro depende de gran manera de lo que hacemos hoy. ¿Hasta que punto podemos influir en el? Alguien a dicho que lo que pensamos ahora seremos en el futuro, otro que el futuro lo hacemos cada día, en tal caso el futuro seria algo inexistente, una especie de presente continuo pretérito.
Teológicamente la predestinación (un sinónimo un poco variante destino) es la eternidad del decreto divinos, es un plan, el plan de Dios para con los hombres. Según eso ya existe un final preestablecido en la vida de cada ser humano, pero no termina hay, destino es el gran misterio de la vida, es la vocación que cada uno trae desde el nacimiento, la elección que hace sobre su futuro. Es más que una simple decisión divina sobre la suerte de cada individuo, más que la decisión arbitraria de los predestinados.
Nuestro destino será es resultado del esfuerzo y trabajo realizado por nosotros mismos. Somos libres de crear y construir nuestras vidas. No debemos tomar en ningún momento a palabra destino con un sentido negativo o fatalista: seremos lo que creemos.

Hay un dicho que iluminan caminos de vida. Es el siguiente:
“Los dioses dejaron en manos de los hombres la manera como estos escojan responder a la circunstancias de la vida; y de las demás cosas… los Dioses no dejaron ninguna en manos de los hombres”.
Podemos hacer mucho por las situaciones presentes y venideras de nuestra vida, tenemos energía y libre albedrío y podemos luchar y mejorar posiciones, o acobardarnos y perder oportunidades. Ante el fracaso podemos tomar dos actitudes: verlo como un tropiezo que pone fin a nuestro camino o como una escala que nos acerca más a nuestra meta. Lo que afecta nuestro destino no son siempre los hechos, si las opiniones que tenemos de ellos, la forma en asimilamos su efecto, la forma en que reaccionamos ante las circunstancias, y esas reacciones y opiniones las decidimos nosotros.
Al elegir un camino de vida, un estilo de vida, marcamos profundamente nuestros días. Me levanto en la mañana y puedo decir: “¡Que hermoso día! ¡Hoy todo será perfecto!” o “¡El mismo solo otra ves, los mismos frijoles, que día tan aburrido será este!”
Y apartar de esa opinión se creara nuestro día. Podemos llorar por todo, renegar y hasta pensar que por que a nosotros; o reírnos de nuestras faltas y tropiezos, intentarlo de nuevo y recomenzar hasta lograr lo que nos hemos propuesto.
Nada es resultado de la nada. Nosotros, nuestro cuerpo fue formado con la cooperación armónica de diferentes sustancias unas más complejas que otras. De igual forma nuestros pensamientos no son producto de la casualidad, se han ido formando gracias a la intervención de muchos y diversos factores: lenguaje, cultura, situación económica, política, social, experiencias vividas, libros leídos, diálogos, amistades, etc. Esos factores han ido moldeando nuestros pensamientos y hasta ahora nos parecen que son independientes, aunque tengan muchas influencias.
Nuestra personalidad es otra característica que al igual que nuestros pensamientos ha sido formada por diversos elementos exteriores (extrínsecos) y también por otros interiores (intrínsicos).
Un ejemplo seria encontrarnos a un mendigo en la calle quien nos pide una limosna. La conciencia social nos dice que debemos ser altruistas con el y ayudarle; nuestra religión, la enseñanza de nuestros padres, los valores aprendidos en nuestra escuela, y que tanto decíamos practicar nos llevan a dar al mendigo un poco de lo que tenemos. Vemos como en esa decisión no solo influyó lo que yo quiero y pienso sino un conjunto de sentimientos extrínsecos.
Las personalidad es fundamental para la formación de nuestro futuro, nuestra capacidad de análisis de la realidad, nuestra actitud e intervención en esta, nuestra conducta ante el dolor ajeno, la pobreza y marginación, ante la enfermedad y desgracia, la riqueza y e placer… define nuestra personalidad y esta a su ves marca nuestro porvenir . Entre mas pronto experimentemos todas esas situaciones, mas rápidamente aprendemos sobre la vida y sobre nosotros y mejor preparados estaremos para recibir éxitos y fracasos y para ser felices.
La mejor forma de aseguraos un bueno futuro es viviendo un buen presente. El éxito de nuestro esfuerzos llegara cuando hallamos escuchado el consejo de los hombres de experiencia y actuado según ellos. Si despreciamos la experiencia de quienes ya vivieron nos arriesgamos a repetir los mismos errores.
Ya hemos dicho que son nuestras acciones presentes las que forman nuestros destinos, también podemos afirmar que lo que hagamos hoy resonará en la eternidad. Tanto nuestras acciones como nuestras reacciones son la base donde se edifica el futuro. Y como ya a dicho uno sabio “todo esta en como se mire la situación”. En definitiva es nuestra manera de ver las cosas lo que nos afecta, y si trabajamos esa manera nuestra de percepción podemos influenciar nuestra conducta, destino y bienestar.
Así como lo que hace rico a un hombre no es cuanto riqueza tiene, si no su poco deseo o ansia de ser rico, así lo que nos dará un destino feliz no es conocerlo y cambiarlo a nuestro antojo, si no nuestras actitudes frente a el (será como si lo tuviéramos en las manos, como si fuera el que nosotros escogimos) ese es el secreto: querer lo que tenemos, para que lo que tengamos sea lo que queremos.
Ante cualquier adversidad o tropiezo debemos actuar con independencia, es decir, el fracaso no debe atarnos, que hayamos fallado una vez no nos hace fracasados, si no la opinión respecto a lo que hicimos.
Respecto a lo que nos gustaría tener y no tenemos, es importante notar que nuestra naturaleza humana nos hace siempre desear cosas que no tenemos, que están en manos de otro (¿Por qué el si tiene eso y yo no? ¿Por qué a el siempre le va bien? ¿Por qué le sucede esto y a mi no?). De hay nace la envidia y consecuentemente la enemistad. Pensemos por un momento en que también existen valores, actitudes, capacidades y habilidades que nosotros poseemos y otros no y las desean. Al examinarnos detenidamente descubrimos que en verdad tenemos mucho que envidiar.
Entonces ¿Por qué en lugar de desear lo que otros tienen no trabajamos con lo que nos pertenece a nosotros? ¿Qué gana un campesino quejándose de que su propiedad esta en un terreno pedregoso mientras que la de su vecino en un terreno plano? ¿Qué gana la tortuga quejándose de su incapacidad para volar? ¿Qué ganamos nosotros pidiendo lo que otros tienen? ¿Qué provecho trae la envidia?
No se trata de se fatalistamente pesimista ni triunfalmente optimistas. Aunque cambiemos nuestra actitud no se solucionaran de manera instantánea u mágica todo los problemas o se nos cambiara la vida a una mejor o de pronto nos encontraremos entados en un trono de oro con corona y reino. Peor de llegar a un equilibrio perfecto de sentimientos, se que pedemos suavizar roses y aliviar penas y aun alcanzar la prosperidad o estilo de vida que decíamos. Todo eso lo conseguimos en la medida en que tomamos la actitud sana de la que ya hemos hablado: hacer todo lo que este en nuestra mano, es decir, no amargarnos la vida por lo que de nosotros no depende.

¿El destino existe o no existe?
El destino, todo ser humano y todo lo creado tiene todo un destino, pero durante la historia muchos quieren cambiarlo, pero en si podemos decir que el destino es algo que no se puede cambiar solo por decir hay que cambiarlo, en ocasiones se puede se puede modificar en cierto grado pero esto es mínimo porque el destino es algo ya estable predeterminado.
El destino es lo que nos depara. Lo que somos y lo que seremos en la historia, nuestro principio y nuestro fin, pero muchos historiadores nos dicen que el destino es algo creado de nuestra mente, pero en cierto día escuche decir “cada persona se forja su propio destino, ¿puedo yo construir mi destino?
Tuve un amigo que estudia mucho pero mucho a la medida que no salía a distraerse, un día le pregunte ¿Por qué estudias tanto?. Y el me respondió, porque quiero un destino fructífero estable y feliz y me lo estoy forjando, y así el obtuvo su profesión con un nivel académico muy algo en lo que a notas se refiere, en cierta ocasión me lo encuentro “drogado” “tomado su familia desintegrada” u por ello no encontraba un trabajo digno y ello me recordaba lo que en aquella ocasión me dijo: “yo estudio porque quiero un destino fructífero”.
Por lo cual puedo decir el destino es un camino en un campo lleno de neblina por el cual avanzamos pero solo podemos ver el lugar donde ponemos los pies y no más allá. Por tanto el destino es el misterio de la vida.
Una narración que nos ilumina al tratar este tema es la siguiente:

En búsqueda de Buda
Buda peregrinaba por el mundo para encontrarse con aquellos que se decían sus discípulos y hablarles acerca de la Verdad. A su paso, la gente que creía en sus decires venía por cientos para escuchar su palabra, tocarlo o verlo, seguramente por única vez en sus vidas. Cuatro monjes que se enteraron de que Buda estaría en la ciudad de Vaali, cargaron sus cosas en sus mulas y emprendieron el viaje que llevaría, si todo iba bien, varias semanas. Uno de ellos conocía menos la ruta a Vaali y seguía a los otros en el camino. Después de tres días de marcha, una gran tormenta los sorprendió. Los monjes apuraron el paso y llegaron al pueblo, donde buscaron refugio hasta que pasara la tormenta. Pero el último no llegó al poblado y debió pedir refugio en casa de un pastor, en las afueras. El pastor le dio abrigo, techo y comida para pasar la noche.
A la mañana siguiente, cuando el monje estaba pronto para partir fue a despedirse del pastor. Al acercarse al corral, vio que la tormenta había espantado las ovejas del pastor y que este trataba de reunirlas.
El monje pensó que sus cofrades estarían dejando el pueblo y si no salía pronto, los demás se alejarían. Pero él no podía seguir su camino, dejando a su suerte al pastor que lo había cobijado. Por ello decidió quedarse con él hasta juntar el ganado. Así pasaron tres días, tras los cuales se puso en camino a paso redoblado, para tratar de alcanzar a sus compañeros. Siguiendo las huellas de los demás, paró en una granja a reponer su provisión de agua. Una mujer le indicó dónde estaba el pozo y se disculpó por no ayudarlo, pero debía seguir con la cosecha... mientras el monje abrevaba sus mulas y cargaba sus odres con agua,
la mujer le contó que tras la muerte de su marido, era difícil para ella y sus pequeños hijos llegar a recoger la cosecha antes de que se pudriera. El hombre se dio cuenta de que la mujer nunca llegaría a recoger la cosecha a tiempo, pero también supo que si se quedaba, perdería el rastro y no podría estar en Vaali cuando Buda arribara a la ciudad. Lo veré algunos días después, pensó, sabiendo que Buda se quedaría unas semanas en Vaali. La cosecha llevó tres semanas y apenas terminó la tarea, el monje retomó su marcha... En el camino, se enteró de que Buda ya no estaba en Vaali. Buda había partido hacia otro pueblo más al norte.
A lo largo de la historia el ser humano se ha enfrentado con el gran misterio del destino. En la mayoría de las culturas encontramos mitos que tratan de explicar las diferentes circunstancias de la vida y el propósito de las mismas. También han existido adivinos y oráculos quienes se decían capaces de ver el destino, ya sea de individuos o de estados, como el famoso oráculo de Delfos de los griegos.
Pero cuando aparece en nuestra mente la idea de un Dios todopoderoso que se encuentra por encima de las circunstancias, la pregunta que nos planteamos es ¿Hasta que punto Dios controla nuestras vidas? ¿Podemos ser libres para tomar decisiones que marquen nuestro destino?
En el cristianismo bíblico conocemos que el ser humano va a enfrentarse con solo dos destinos diferentes, la vida eterna o el infierno. Entonces la pregunta que surge es ¿Puede el ser humano decidir cuál será su destino eterno?
La Biblia nos dice que la diferencia entre el cielo y el infierno radica solamente en la fe, es decir en una decisión que el ser humano hace por Cristo, pero ¿Pueden todos los seres humanos tomar esta decisión? O ¿Se encuentran totalmente incapacitados de ir a Jesús debido a la naturaleza pecaminosa, y a la culpa del pecado original? Y entonces ¿Dios capacita solo a ciertas personas para que crean en Cristo y a las demás les deja en el infierno?
Cuando buscamos la respuesta a estas preguntas en las páginas de las Escrituras nos encontramos con gran cantidad de textos que nos hablan de la responsabilidad de las personas en la toma de decisiones, (Juan 3:16) incluso se habla de que el propósito mismo de la Biblia es que el ser humano crea en Cristo y creyendo tenga vida eterna (Juan 20:31). Sin embargo nos encontramos también con aquellos pasajes que utilizan el famoso término “predestinación”(Romanos 8:28,29; Efesios 1:4,5) Y parecen dar a entender que solamente ciertas personas han sido elegidas por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser parte de su pueblo.
Reconocemos que dar una respuesta adecuada a estas interrogantes no es tarea sencilla, como exclama el apóstol Pablo, “¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!, porque, ¿quién entendió la mente del Señor? o ¿quién fue su consejero?” (Romanos 11:33,34).

Escrito por José Martín Hernández Sandoval


















Conclusiones

Conocer nuestras capacidades y habilidades con el fin de trabajar en nuestros puntos fuertes.
Asegurarnos de que estamos siguiendo el camino correcto en nuestra vida.
Trabajar cada día por formarnos un buen futuro.
Ser concientes de nuestra vocación.



























Bibliografía:

Ø Diccionario enciclopédico de la Biblia Vol. IV, ediciones Garriga, Barcelona

Ø Enciclopedia de la Biblia Vol. III


Ø Porque sufro cuando sufro, 3º edición, Carlos Gonzáles Valles, ediciones Sal
Térrea, España

Ø Diccionario filosófico

Ø Atlas universal de filosofía, grupo Océano, Barcelona España.

lunes, 31 de enero de 2011

Cuentos

Despedida

“Cuando los niños empiezan a ingresar en la lengua española, el principio general de las desinencias en «o» y «a» les parece tan lógico que lo aplican sin vacilar y con muchísima razón a las excepciones, y así mientras la Beba es idiota, el Toto es idioto un águila y una gaviota forman su hogar con un águilo y un gavioto, y casi no hay galeoto que no haya sido encadenado al remo por culpa de una galeota. A mi me parece eso tan justo que sigo convencido de que actividades tales como las de turista, artista, contratista, pasatista y escapista deberían formar su desinencia con arreglo al sexo de sus ejercitantes.” (Cortázar, Un tal Lucas).

Nunca llegaré a saber si lo que hice fue lo mejor o si lo que pensé, pero no… nunca se sabrá, eso si es seguro. Pero ¿Qué más podía hacer? Vos sabes que soy corto de palabras, y no soy nada bueno para las despedidas ni para las bienvenidas. Mejor que haya quedado así entre nosotros, ese adiós que espera en algún lugar, y nos aguarda, que nos reunirá de nuevo para despedirnos o encontrarnos y comenzar de verdad. Si, comenzar en serio. Lo que nos paso no fue un encuentro, no puede llamarse así, no tenia nada de encuentro puesto que yo te buscaba y tu menos, y aunque nos hayamos cruzado. Me alegro cuando noto que mis ojos no se humedecen, sé de alguna manera, mi cuerpo lo sabe: lo real nos espera, no nos hemos perdido porque no nos hemos conocido. Aunque El se esfuerce en hacernos creer que si, bíblicamente hablando se que no fue así, si a pena nos vimos, y sentíamos (porque tú también sentías) que teníamos algo: merecíamos hallarnos de verdad.
No importa si crees que me conoces, o si a ratos hasta yo llego a pensar que te conozco, no es así, ni fue ni será. Ese pretérito imperfecto deja de ser pasado y se convierte en perdido (aunque eso no sea un tiempo) desde ahora, en simulacro ambicioso que alguien mas preparo escrupulosamente. Que él preparo. Primero nos endulzo el odio e igual hizo con nuestra vanidad, lo siguió haciendo hasta que lo necesitamos tanto que no podíamos estar, lo que se llama estar, sin él. Ese deseo puro de él es lo que nos reunió. ¿Ves como no fuimos nosotros? Fue él. Pretendimos creer que nos estábamos conociendo, cada tarde, cada saludo, todo era teatro y ahora debes reconocerlo si queres que nos encontremos. Pretendíamos ser, pero no… lo que veíamos en el otro era sólo una máscara hecha de deseo, esa mascara transparente que no es ocultarse, ni aparentar ni mucho menos. Es una que aumenta tu ser, hasta hacerlo parecer excepcional. Como cuando jugando con la lupa de la abuela descubrimos la monumental agresividad de los himenópteros, esos pequeños trabajadores infatigables. Así debió ser, verte pero no, contemplar solo una silueta, una sombra, aunque se sabe que no es una sombra, sino una ampliación tuya. Si eres pero, no eres. Por eso no lloré, ni lloro y tú tampoco, por que el verdadero conocimiento esta adelante, tu verdadero tú y mi verdadero yo aún no se han encontrado.
Siempre se me ha hecho fácil imaginar. Imágenes imaginarias. No sé porque en este momento ello me resulta tan escurridizo, casi imposible, detener el agua entre los dedos. Todo consistía en recordar alguna experiencia nuestra y llevarla a sus límites. Era nuestro pasatiempo favorito, seguro que lo recordas bien. La primera vez ambos creímos que terminaría con el regreso del sol que nace de lo alto, se esfumaría y pasaría a ser tan solo otro buen rato juntos, otra tarde feliz. No fue así, nuestro deseo común, un deseo desmedido de creación fantástica, nos llevo a continuar, a perseguir imágenes hasta puntos que incluso nosotros calificábamos de insospechados, demasiado aviesos y falaces para poder ser creados y recreados y creídos en cualquier mente con una pizca de sentido común. Pero de sentido común, a la hora de despejar la mente y disfrutar con los amigos, ni Min ni yo teníamos lo que se dice nada. Y eso que se cree una carga, una cruz, una debilidad en las relaciones, paso a ser el principal atractivo de nuestra camaradería, quién lo diría, lo que tanto se había visto reprimido ahora y despreciado ahora pasaba a se la piedra angular, era libre y más que libre, con una especie de godfather de lo excepcional, una reserva pese a las dificultades, ¿Nescafe, soda o refresco? Nescafe, gracias.
Más que menos, creo que Paco pensaba lo mismo que yo, ha puesto que deduce que este vicio nuestro de la invención no se nos quitará de la cabeza ni así nos torturen o nos confinen a la silla eléctrica. La verdad esa es una de las pocas tonterías que me han dotado de algo satisfactorio y envidiable. No me trajo sólo fin del aburrimiento y desecho de la vacuidad melodiosa y detestable de las tardes calurosas después de un soporífero en la ciudad de los veinte años, también la estilización del pensamiento, quiérase o no, tenia que pasar. Eso de que dos cabezas piensan mejor que una es muy cierto. Llegue a conocerme más, gracias al juego de la asociación. Decías que si archivaba bien un acontecimiento no había necesidad de un futuro cansancio y desesperación, de llamadas telefónicas a primos preguntando por detalles que ellos tampoco recordaban. Ahí era donde entraba la etiquetación. Si se hace bien esa parte la otra resulta maravillosamente fácil, decías. Todavía recuerdo la ocasión en que luego de bajar de la ruta 30, me di cuenta que había olvidado mi billetera en el asiento en que yo venia. A mi se me fue la voz junto con los colores, a Paco se le vinieron todos a la cara en un segundo. Después de reír un rato y verme casi deshecho (no era poco lo que había perdido) Paco me dijo que no me preocupar, que él tenia el número celular del cobrador, basta una llamada, Min, y finito, no te preocupes, pensa mejor en como etiquetar esto. Olvido. No, muy simple, te confundirías con tantas cosas. Llanto innecesario. Menos. Entonces, que te parece, est…. Perfecto.
Si Min no se hubiera enfermado todo seria mucho más fácil. Me volverían esas ganas de imaginar y todo seria más llevadero. Quizá hasta habría aprobado inglés, que al igual necesita de mucha imaginación. Se fue sin despedirse, sin que me despidiera de él, sin avisar a nadie, ni siquiera a MÍ. No es que me importe tanto, nos ahorro lagrimas a los dos, y también nos convirtió en extraños; si embargo aun creo que le conozco.
Vaya si sabia mucho de mi, no podría ser de otra forma, después de tantas tardes de risa, a mi me lloraban los ojos y Paco se agarraba del estomago como para detener la causa de sus carcajajajajajajajadas, pero imposible. Se sentaba intentaba tranquilizarse, respiraba despacio y lo lograba y también yo por unos instantes, nos veíamos a los ojos y volvíamos a reír sin parar. Olvidábamos el motivo a veces, pero no importaba, daba gusto reírse así sin importar que todos los vecinos de la cuádralo escucharan. Era un placer que nada ni nadie podía quitarnos. Hice lo mejor al salir sin explicaciones, sin lagrimeos, con la misma sonrisa con que me vio entrar, deje una buena imagen. Sin embargo a veces por las noches después de Marcela, tocar mi guitarra, y un Nescafé, todo como si fuera uno, a veces creo deberle algo, y desearía…
Adiós doña Sara, salude de mi parte a Lupe.


Karla
Si, así esta bien, que bien se siente, así. No puedo, lo siento. No pares, seguí, si podes… No, no puedo, los masajes no son mi fuerte, necesitaría espacio y tiempo, otro espacio, otro tiempo, otro… Si no queres hacerlo, únicamente decilo, y ya. No es eso, no te enojes… Si, claro. Ya sabes que si quiero, pero… Si, comprendo, sé que te falta valor… Valor me sobra… Pero, los otros, claro y a eso le llamas valor. Compréndeme, o no y ya. Comprendo, pero algún día no será así, promételo. De nada serviría no comprenderla, enojarse y salir de ese pequeño almacén donde me llenabas de aquiescencias inacabadas, era tan claro que los amigos no deben hacer eso. O si pueden, pero no ahí a un lado del camino, y no así. Ya estaba estresado esa tarde, y la nueva frustración que Karla, maléfica mirada y encantadora de sueños, me restregaba en el rostro, me tensaba más. Desde mucho tiempo atrás lo venia cansando ese deseo incumplido. Me sentí con nudos en la espalda, y ganas de gritar algo que no era lícito. Había pasado.
Volví a mi asiento, ella se reacomodo en el suyo, siguió mirándome y esperando, preguntándome e hiriéndome con su cuchillo de silencio, ayudándome a decir la primera palabra, quedándose un poco asustada, mirada histérica por un segundo, y vacía otra vez. Si yo fuera… No me vengas con eso, yo y él nada, ya sabes y te lo he dicho un montón… Bien. ¿Qué te traes contra él? Ahora, ¿negas que te gusta? No, no lo niego, él me gusta, es una gran persona. ¡Ah! ¿Verdad? Admiti que lo preferirías él y no a mí en este momento. Si… a veces. . Ella era así, no podía vivir siendo condescendiente a cada momento, no era su estilo. Vaya uno a saber como hacia para repartir su afirmaciones, era un juego suyo que nunca alcance a comprender. Cuál seria su código, su regla sobre los no y los si, siempre me dejaba en la luna por su manía de alternar sus afirmaciones y negativas. Era emocionante hablar con ella y esperar detrás de las palabras para encontrar el momento en que cambiaba de lado, a veces eso la afectaba y otras me perjudicaba a mí. Ese era su juego, zaherir desde las palabras, darle al su lenguaje una ambivalencia ponzoñosa.
Ahora ya no se acordaba de cómo la había conocido si tenia dos o tres años mas que él, si fue en un callejón o junto a una farmacia cuando la beso por primera vez, si a ella eso la había extrañado o si había sido ella quien lo atrajo, y lo hundió en su boca. Pasaban dos, una señora de baja estatura y ojos aviesos de chisme, y una niña saboreando con toda la boca una paleta de caramelo. Entonces ¿Cuándo? No sé, es que tenes tan poco tiempo ahora que estas… Cierto, no me ajusta, ojala y supiera alguna forma de dilatarlo, de extenderlo como un chicle. Es irrisorio, queres y no podes. Faltaba algo en sus relaciones, algo que fuera menos grotesco que intentar besarse sin darse cuenta ni uno ni otro, como la vez en que él le pidió conocer su boca con un absurdo eufemismo que no vale la pena recordar.
Él era así, nunca le había gustado lo que los otros hacían (eso lo llenaba de vanidad), la manera en que se relacionaban, pero siempre terminaba haciendo lo que odiaba (y terminaba odiándose por ello). Pero esa manera de conducirse, haciendo caso omiso del lenguaje que debía utilizar y que envolvía lo que quería decir sin dejarle espacios, lo dejaba en la certidumbre de una aterradora duda. No sabía qué eran, si él quería eso como ella, o viceversa. Esas tardes en que me escapaba subrepticiamente de mis responsabilidades, y me llevaba a ella, y hablábamos mas con los ojos y el tacto que con las palabras, me elevaban a otro nivel, o al menos así lo sentía, ese nivel que era mas de lo esperado en la vida, tan sencillo y tan hermoso. Las hojas haciendo competencia al cruzar la calle, los pájaros insultando el oído con sus chillidos, pasaban a segundo plano, dejándolo libre al fin. Palabras y frases como las hojas que corrían, iban y venían, y no importaban. El dialecto como una cortina que escondía lo que en realidad se estaban diciendo.
Ese ultimo gesto de ella lo hacia temblar, tocaba su pecho pretextando una hormiga, la mano bajaba y volvía a subir. Si, ella también pensaba lo mismo, lo deseaba. Se emocionaba al hablar, y no podía evitar cambiar el tono de voz cuando sentía sus dedos (los de ella) que ahogaban los suyos (los de él). A veces parecía un monólogo que se veía interrumpido únicamente por una mano que se levantaba de una pierna y subía rompiendo el hechizo de la gravedad y rozaba levemente un rostro que se estremecía con el contacto, pero que no dejaba de hablar, como si la mano estuviera hecha de aire y fuera sólo otro poco de viento acariciándola. Valía la pena hacerlo.
Siempre hemos sido muy unidas, en primaria estábamos juntas en los recesos, comprábamos las golosinas y nos peinábamos igual, se es tan inocente a los diez años. Todo se veía mucho más grande y lo era. Ella hablaba imaginándose lo que decía, fiel consigo misma. Así que detrás de esto estas tú, esperando y ese movimiento que acabas de hacer es el conteo regresivo para que yo explote. Había un chicuelo en particular, lo recuerdo aún, al que ambas prodigábamos un odio infantil, no recuerdo por qué lo detestábamos tanto. Era él quien comenzaba a molestarnos y siempre perdía. Si se metía con una, tendría luego que vérselas con las dos…¿ me-estas-escuchando? Si, inseparables, es una simbiosis razonable. ¿Dónde esta tu hermana ahora? ¿Qué pasaría si yo me atreviera contigo, ahora que no esta ella para ayudarte? Aunque te creas mayor sigues siendo un cuerpo infantil enfrascado en un cerebro adulto, tan vulnerable y flexible. Eso último sólo lo había pensado. Pero lo había excitado al extremo. Ella no podría hacer nada, si él… ¿Qué pasa? No, eso no… no por favor… si…





Cuenteretes

I
En el traspatio de una casa de bahareque de cierto país centro tropical, prolifera una incierta y escaza manada de galliformes, aves corredoras y aves palmípedas, y aves gallináceas.
Un ave corredora con escasa capacidad de vuelo picotea el suelo rodeada de muchas otras minúsculas aves galliformes como ella. La primera es una gallina vieja del corral de mamá Tana, y las otras son un grupillo regordete y juguetón de polluelos que no cesan de picotear el suelo y verlo enojados, como esperando que este se levante iracundo espetando que ya basta, que por qué no se les ocurre mejor picotear el aire, una piedra o un árbol podrido, a lo que los polluelos ingeniosamente contestarían que no pueden picotear el aire, porque las propiedades del aire hacen imposible darle un certero picotazo, que no pueden picotear piedras porque resultarían con jaqueca o en el peor de los casos con el pico quebrado o magullado y que tal vez bien podría picotear un árbol pútrido, en especial si este tiene gusanitos e insectos de esos que a ellos les encantan, pero que igual aunque tuvieran ese árbol pútrido, no dejarían de picotearle porque sobre el esta esparcida una apetitosa y abundante cantidad de sorgo.
En ese momento pasa junto a los picudillos un mamífero carnívoro domestico de tamaño reducido y les espeta un miau que los hace correr a unos ya otros dar una vuelta sobre sus espaldas diminutas aunque bien emplumadas ya.
Los pollitos muy asustados piando de lo lindo cuentan todo lo sucedido a su mamá. Enfurecida mamá galliforme responde raudamente levantando la cabeza, hinchando el cuerpo y aleteando como solo ella sabe hacerlo, y atacando despiadadamente al malicioso felino que escapa veloz sin el menor rasguño.
Luego mamá galliforme satisfecha y pollitos plumados poco educados continúan haciendo sufrir un rato más al suelo que ahora parece mas indiferente, pero que nada de culpa tiene de la voraz hambre de los plumíferos bípedos escandalosos y sangrones.








II
Un mamífero rumiante de tamaño regular, fundamento de la ganadería bovina, utilizado por el hombre ara aprovechar su leche, carne, trabajo y piel esta tranquilamente recostado sobre una verde y apacible (en realidad muy cómoda) maleza que además de ser su nutritivo alimento hace las veces de placentera cama.
Esto le ahorra ventajosamente mucho trabajo porque basta ponerse en cuatro y ya se está listo para la siguiente comida, sin necesidad de ningún movimiento desenergizante.
Se hallan ella y su lucido y vivaz mamífero bóvido que presenta cabeza gruesa desprovista de cuernos por el momento. Ambos (vaca y becerro) esperan serenamente el tiempo, mientras rumean sabrosa cantidad de materia orgánica.
El pequeño rumiante no ve la hora en que grande y fuerte, hecho todo un toro, tenga piel más dura y más brillante, y atas más gruesas y sobre todo los cuernos, que él sabe bien que son el distintivo honorifico ante la sociedad de bovinos, si en algo le disgusta crecer es en que su cola se volverá menos ágil como ya lo ha comprobado espantosamente en los mayores. Se pone sobre sus flacas pero raudas patas, da unos juguetones brinquitos, una rápida carrera por acá y otra más allá ara desperezarse. Ve venir velozmente a un mamífero domestico de olfato fino, inteligente y fiel al hombre.
Lo espera un poco agazapado y en un repentino movimiento (estando ya muy cerca el canido) avanza hasta chocar su cabeza con el costillar muy visible del otro mamífero. Este sorprendido y dolido del súbito ataque gruñe y ladra: “Ten más cuidado bóvido insulso con lo que embistes no vaya a ser que por desgracia termines con la vida de algún inocente.” El becerro muy asustado por la voz y carácter del mamífero colmilludo profiere un mugido desesperado. Su madre acude en seguida ataca despiadadamente al colmilludo. Lame en la frente al escandalizado vacuno tranquilizando así sus miedos, le aduce que no se preocupe que el gruñón ya se ha ido y que en lo venidero no intente jugar con mamíferos antisociales e irritables, y es que hay animales que no saben como tratar a los peques, y seguro eso se debe a los antepasados.
El can que ha escuchado todo gracias a su buen oído, dice para sí: “Si tuviera yo hambre, y un buen grupo hambriento de amigos esta vacucha pagaría sus mugidos, porque en lo que se refiere a cachorros soy muy más cariñoso de lo que esa, vaca incapaz de acariciar con sus pezuñas, podrá ser en su vacuna y lechera vida.





III
En la zona más meridional de Malawi donde el relieve presenta una altiplanicie ondulada por donde corre el río Shire, el clima tropical es idóneo para que proliferen el bosque y la sabana, y es más ideal aun para que un mamífero de gran tamaño que tiene una larga trompa formada por la nariz y el labio superior coma alegremente moviendo alegremente su diminuta cola.
Y vaya que seria un ligar perfecto para descansar, sino fuera por un ave zancuda de cuello alargado y silueta esbelta que no deja de molestar diciendo que ridículo te vez paquidermo deforme y rechoncho estirando tu larga trompa hasta el suelo y a veces hasta lo profundo de las aguas de la orilla del rio Shire, y continúa:
-Dime mi bestial amigo, ¿Por qué creciste tanto si tu comida esta muy cerca del suelo? ¿No viste que era innecesario crecer demás? Jajaja… mira tu nuca encorvada de tanto agacharte, y tus grandes y pesadas patas te hacen imposible los movimientos raudos como a mi… ¿acaso no es inútil tu voluptuosidad?
El paquidermo se queda callado comiendo sabrosas algas por un momento. Luego dice ni enojado ni sonriente:
-Pues por la misma razón que tú tienes las patas esqueléticas al igual que tu cuello. ¿O es qué no te has dado cuenta que tus patas larguiruchas y tu largo cuello son feúchos e innecesariamente largos, puesto que tu comida esta en el fondo del agua, ahí donde solo tu pico es útil?
El ave zancuda estupefacta, calló, meditaba cómo podía salvar su dignidad, lo que la tenia muy distraída. Distracción que aprovechó el paquidermo para rociarle gran y hedionda cantidad de agua a la flacucha garza con su fuerte trompa.
En vista que el ave zancuda no se largaba con sus averiguaciones a otro lado, el paquidermo la amenazó con sentársele encima, a lo que el ave zancuda, de cabeza pequeña, con moño largo y gris, pico prolongado y negro, respondió con un estridente graznido y un aleteo frenético de ¡sálvese quien pueda y yo primero!











Padre Nuestro

Padre Nuestro que estas en el cielo
Lleno de toda clase de toda clase de problemas
Con el seño fruncido
Como si fuera un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas.
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Destruyendo lo que Tú construyes.
Él se ríe de ti. Pero nosotros lloramos contigo.

Padre Nuestro que estas donde estas
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente
No sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo


Nicanor Parra