lunes, 31 de enero de 2011

Cuentos

Despedida

“Cuando los niños empiezan a ingresar en la lengua española, el principio general de las desinencias en «o» y «a» les parece tan lógico que lo aplican sin vacilar y con muchísima razón a las excepciones, y así mientras la Beba es idiota, el Toto es idioto un águila y una gaviota forman su hogar con un águilo y un gavioto, y casi no hay galeoto que no haya sido encadenado al remo por culpa de una galeota. A mi me parece eso tan justo que sigo convencido de que actividades tales como las de turista, artista, contratista, pasatista y escapista deberían formar su desinencia con arreglo al sexo de sus ejercitantes.” (Cortázar, Un tal Lucas).

Nunca llegaré a saber si lo que hice fue lo mejor o si lo que pensé, pero no… nunca se sabrá, eso si es seguro. Pero ¿Qué más podía hacer? Vos sabes que soy corto de palabras, y no soy nada bueno para las despedidas ni para las bienvenidas. Mejor que haya quedado así entre nosotros, ese adiós que espera en algún lugar, y nos aguarda, que nos reunirá de nuevo para despedirnos o encontrarnos y comenzar de verdad. Si, comenzar en serio. Lo que nos paso no fue un encuentro, no puede llamarse así, no tenia nada de encuentro puesto que yo te buscaba y tu menos, y aunque nos hayamos cruzado. Me alegro cuando noto que mis ojos no se humedecen, sé de alguna manera, mi cuerpo lo sabe: lo real nos espera, no nos hemos perdido porque no nos hemos conocido. Aunque El se esfuerce en hacernos creer que si, bíblicamente hablando se que no fue así, si a pena nos vimos, y sentíamos (porque tú también sentías) que teníamos algo: merecíamos hallarnos de verdad.
No importa si crees que me conoces, o si a ratos hasta yo llego a pensar que te conozco, no es así, ni fue ni será. Ese pretérito imperfecto deja de ser pasado y se convierte en perdido (aunque eso no sea un tiempo) desde ahora, en simulacro ambicioso que alguien mas preparo escrupulosamente. Que él preparo. Primero nos endulzo el odio e igual hizo con nuestra vanidad, lo siguió haciendo hasta que lo necesitamos tanto que no podíamos estar, lo que se llama estar, sin él. Ese deseo puro de él es lo que nos reunió. ¿Ves como no fuimos nosotros? Fue él. Pretendimos creer que nos estábamos conociendo, cada tarde, cada saludo, todo era teatro y ahora debes reconocerlo si queres que nos encontremos. Pretendíamos ser, pero no… lo que veíamos en el otro era sólo una máscara hecha de deseo, esa mascara transparente que no es ocultarse, ni aparentar ni mucho menos. Es una que aumenta tu ser, hasta hacerlo parecer excepcional. Como cuando jugando con la lupa de la abuela descubrimos la monumental agresividad de los himenópteros, esos pequeños trabajadores infatigables. Así debió ser, verte pero no, contemplar solo una silueta, una sombra, aunque se sabe que no es una sombra, sino una ampliación tuya. Si eres pero, no eres. Por eso no lloré, ni lloro y tú tampoco, por que el verdadero conocimiento esta adelante, tu verdadero tú y mi verdadero yo aún no se han encontrado.
Siempre se me ha hecho fácil imaginar. Imágenes imaginarias. No sé porque en este momento ello me resulta tan escurridizo, casi imposible, detener el agua entre los dedos. Todo consistía en recordar alguna experiencia nuestra y llevarla a sus límites. Era nuestro pasatiempo favorito, seguro que lo recordas bien. La primera vez ambos creímos que terminaría con el regreso del sol que nace de lo alto, se esfumaría y pasaría a ser tan solo otro buen rato juntos, otra tarde feliz. No fue así, nuestro deseo común, un deseo desmedido de creación fantástica, nos llevo a continuar, a perseguir imágenes hasta puntos que incluso nosotros calificábamos de insospechados, demasiado aviesos y falaces para poder ser creados y recreados y creídos en cualquier mente con una pizca de sentido común. Pero de sentido común, a la hora de despejar la mente y disfrutar con los amigos, ni Min ni yo teníamos lo que se dice nada. Y eso que se cree una carga, una cruz, una debilidad en las relaciones, paso a ser el principal atractivo de nuestra camaradería, quién lo diría, lo que tanto se había visto reprimido ahora y despreciado ahora pasaba a se la piedra angular, era libre y más que libre, con una especie de godfather de lo excepcional, una reserva pese a las dificultades, ¿Nescafe, soda o refresco? Nescafe, gracias.
Más que menos, creo que Paco pensaba lo mismo que yo, ha puesto que deduce que este vicio nuestro de la invención no se nos quitará de la cabeza ni así nos torturen o nos confinen a la silla eléctrica. La verdad esa es una de las pocas tonterías que me han dotado de algo satisfactorio y envidiable. No me trajo sólo fin del aburrimiento y desecho de la vacuidad melodiosa y detestable de las tardes calurosas después de un soporífero en la ciudad de los veinte años, también la estilización del pensamiento, quiérase o no, tenia que pasar. Eso de que dos cabezas piensan mejor que una es muy cierto. Llegue a conocerme más, gracias al juego de la asociación. Decías que si archivaba bien un acontecimiento no había necesidad de un futuro cansancio y desesperación, de llamadas telefónicas a primos preguntando por detalles que ellos tampoco recordaban. Ahí era donde entraba la etiquetación. Si se hace bien esa parte la otra resulta maravillosamente fácil, decías. Todavía recuerdo la ocasión en que luego de bajar de la ruta 30, me di cuenta que había olvidado mi billetera en el asiento en que yo venia. A mi se me fue la voz junto con los colores, a Paco se le vinieron todos a la cara en un segundo. Después de reír un rato y verme casi deshecho (no era poco lo que había perdido) Paco me dijo que no me preocupar, que él tenia el número celular del cobrador, basta una llamada, Min, y finito, no te preocupes, pensa mejor en como etiquetar esto. Olvido. No, muy simple, te confundirías con tantas cosas. Llanto innecesario. Menos. Entonces, que te parece, est…. Perfecto.
Si Min no se hubiera enfermado todo seria mucho más fácil. Me volverían esas ganas de imaginar y todo seria más llevadero. Quizá hasta habría aprobado inglés, que al igual necesita de mucha imaginación. Se fue sin despedirse, sin que me despidiera de él, sin avisar a nadie, ni siquiera a MÍ. No es que me importe tanto, nos ahorro lagrimas a los dos, y también nos convirtió en extraños; si embargo aun creo que le conozco.
Vaya si sabia mucho de mi, no podría ser de otra forma, después de tantas tardes de risa, a mi me lloraban los ojos y Paco se agarraba del estomago como para detener la causa de sus carcajajajajajajajadas, pero imposible. Se sentaba intentaba tranquilizarse, respiraba despacio y lo lograba y también yo por unos instantes, nos veíamos a los ojos y volvíamos a reír sin parar. Olvidábamos el motivo a veces, pero no importaba, daba gusto reírse así sin importar que todos los vecinos de la cuádralo escucharan. Era un placer que nada ni nadie podía quitarnos. Hice lo mejor al salir sin explicaciones, sin lagrimeos, con la misma sonrisa con que me vio entrar, deje una buena imagen. Sin embargo a veces por las noches después de Marcela, tocar mi guitarra, y un Nescafé, todo como si fuera uno, a veces creo deberle algo, y desearía…
Adiós doña Sara, salude de mi parte a Lupe.


Karla
Si, así esta bien, que bien se siente, así. No puedo, lo siento. No pares, seguí, si podes… No, no puedo, los masajes no son mi fuerte, necesitaría espacio y tiempo, otro espacio, otro tiempo, otro… Si no queres hacerlo, únicamente decilo, y ya. No es eso, no te enojes… Si, claro. Ya sabes que si quiero, pero… Si, comprendo, sé que te falta valor… Valor me sobra… Pero, los otros, claro y a eso le llamas valor. Compréndeme, o no y ya. Comprendo, pero algún día no será así, promételo. De nada serviría no comprenderla, enojarse y salir de ese pequeño almacén donde me llenabas de aquiescencias inacabadas, era tan claro que los amigos no deben hacer eso. O si pueden, pero no ahí a un lado del camino, y no así. Ya estaba estresado esa tarde, y la nueva frustración que Karla, maléfica mirada y encantadora de sueños, me restregaba en el rostro, me tensaba más. Desde mucho tiempo atrás lo venia cansando ese deseo incumplido. Me sentí con nudos en la espalda, y ganas de gritar algo que no era lícito. Había pasado.
Volví a mi asiento, ella se reacomodo en el suyo, siguió mirándome y esperando, preguntándome e hiriéndome con su cuchillo de silencio, ayudándome a decir la primera palabra, quedándose un poco asustada, mirada histérica por un segundo, y vacía otra vez. Si yo fuera… No me vengas con eso, yo y él nada, ya sabes y te lo he dicho un montón… Bien. ¿Qué te traes contra él? Ahora, ¿negas que te gusta? No, no lo niego, él me gusta, es una gran persona. ¡Ah! ¿Verdad? Admiti que lo preferirías él y no a mí en este momento. Si… a veces. . Ella era así, no podía vivir siendo condescendiente a cada momento, no era su estilo. Vaya uno a saber como hacia para repartir su afirmaciones, era un juego suyo que nunca alcance a comprender. Cuál seria su código, su regla sobre los no y los si, siempre me dejaba en la luna por su manía de alternar sus afirmaciones y negativas. Era emocionante hablar con ella y esperar detrás de las palabras para encontrar el momento en que cambiaba de lado, a veces eso la afectaba y otras me perjudicaba a mí. Ese era su juego, zaherir desde las palabras, darle al su lenguaje una ambivalencia ponzoñosa.
Ahora ya no se acordaba de cómo la había conocido si tenia dos o tres años mas que él, si fue en un callejón o junto a una farmacia cuando la beso por primera vez, si a ella eso la había extrañado o si había sido ella quien lo atrajo, y lo hundió en su boca. Pasaban dos, una señora de baja estatura y ojos aviesos de chisme, y una niña saboreando con toda la boca una paleta de caramelo. Entonces ¿Cuándo? No sé, es que tenes tan poco tiempo ahora que estas… Cierto, no me ajusta, ojala y supiera alguna forma de dilatarlo, de extenderlo como un chicle. Es irrisorio, queres y no podes. Faltaba algo en sus relaciones, algo que fuera menos grotesco que intentar besarse sin darse cuenta ni uno ni otro, como la vez en que él le pidió conocer su boca con un absurdo eufemismo que no vale la pena recordar.
Él era así, nunca le había gustado lo que los otros hacían (eso lo llenaba de vanidad), la manera en que se relacionaban, pero siempre terminaba haciendo lo que odiaba (y terminaba odiándose por ello). Pero esa manera de conducirse, haciendo caso omiso del lenguaje que debía utilizar y que envolvía lo que quería decir sin dejarle espacios, lo dejaba en la certidumbre de una aterradora duda. No sabía qué eran, si él quería eso como ella, o viceversa. Esas tardes en que me escapaba subrepticiamente de mis responsabilidades, y me llevaba a ella, y hablábamos mas con los ojos y el tacto que con las palabras, me elevaban a otro nivel, o al menos así lo sentía, ese nivel que era mas de lo esperado en la vida, tan sencillo y tan hermoso. Las hojas haciendo competencia al cruzar la calle, los pájaros insultando el oído con sus chillidos, pasaban a segundo plano, dejándolo libre al fin. Palabras y frases como las hojas que corrían, iban y venían, y no importaban. El dialecto como una cortina que escondía lo que en realidad se estaban diciendo.
Ese ultimo gesto de ella lo hacia temblar, tocaba su pecho pretextando una hormiga, la mano bajaba y volvía a subir. Si, ella también pensaba lo mismo, lo deseaba. Se emocionaba al hablar, y no podía evitar cambiar el tono de voz cuando sentía sus dedos (los de ella) que ahogaban los suyos (los de él). A veces parecía un monólogo que se veía interrumpido únicamente por una mano que se levantaba de una pierna y subía rompiendo el hechizo de la gravedad y rozaba levemente un rostro que se estremecía con el contacto, pero que no dejaba de hablar, como si la mano estuviera hecha de aire y fuera sólo otro poco de viento acariciándola. Valía la pena hacerlo.
Siempre hemos sido muy unidas, en primaria estábamos juntas en los recesos, comprábamos las golosinas y nos peinábamos igual, se es tan inocente a los diez años. Todo se veía mucho más grande y lo era. Ella hablaba imaginándose lo que decía, fiel consigo misma. Así que detrás de esto estas tú, esperando y ese movimiento que acabas de hacer es el conteo regresivo para que yo explote. Había un chicuelo en particular, lo recuerdo aún, al que ambas prodigábamos un odio infantil, no recuerdo por qué lo detestábamos tanto. Era él quien comenzaba a molestarnos y siempre perdía. Si se metía con una, tendría luego que vérselas con las dos…¿ me-estas-escuchando? Si, inseparables, es una simbiosis razonable. ¿Dónde esta tu hermana ahora? ¿Qué pasaría si yo me atreviera contigo, ahora que no esta ella para ayudarte? Aunque te creas mayor sigues siendo un cuerpo infantil enfrascado en un cerebro adulto, tan vulnerable y flexible. Eso último sólo lo había pensado. Pero lo había excitado al extremo. Ella no podría hacer nada, si él… ¿Qué pasa? No, eso no… no por favor… si…





Cuenteretes

I
En el traspatio de una casa de bahareque de cierto país centro tropical, prolifera una incierta y escaza manada de galliformes, aves corredoras y aves palmípedas, y aves gallináceas.
Un ave corredora con escasa capacidad de vuelo picotea el suelo rodeada de muchas otras minúsculas aves galliformes como ella. La primera es una gallina vieja del corral de mamá Tana, y las otras son un grupillo regordete y juguetón de polluelos que no cesan de picotear el suelo y verlo enojados, como esperando que este se levante iracundo espetando que ya basta, que por qué no se les ocurre mejor picotear el aire, una piedra o un árbol podrido, a lo que los polluelos ingeniosamente contestarían que no pueden picotear el aire, porque las propiedades del aire hacen imposible darle un certero picotazo, que no pueden picotear piedras porque resultarían con jaqueca o en el peor de los casos con el pico quebrado o magullado y que tal vez bien podría picotear un árbol pútrido, en especial si este tiene gusanitos e insectos de esos que a ellos les encantan, pero que igual aunque tuvieran ese árbol pútrido, no dejarían de picotearle porque sobre el esta esparcida una apetitosa y abundante cantidad de sorgo.
En ese momento pasa junto a los picudillos un mamífero carnívoro domestico de tamaño reducido y les espeta un miau que los hace correr a unos ya otros dar una vuelta sobre sus espaldas diminutas aunque bien emplumadas ya.
Los pollitos muy asustados piando de lo lindo cuentan todo lo sucedido a su mamá. Enfurecida mamá galliforme responde raudamente levantando la cabeza, hinchando el cuerpo y aleteando como solo ella sabe hacerlo, y atacando despiadadamente al malicioso felino que escapa veloz sin el menor rasguño.
Luego mamá galliforme satisfecha y pollitos plumados poco educados continúan haciendo sufrir un rato más al suelo que ahora parece mas indiferente, pero que nada de culpa tiene de la voraz hambre de los plumíferos bípedos escandalosos y sangrones.








II
Un mamífero rumiante de tamaño regular, fundamento de la ganadería bovina, utilizado por el hombre ara aprovechar su leche, carne, trabajo y piel esta tranquilamente recostado sobre una verde y apacible (en realidad muy cómoda) maleza que además de ser su nutritivo alimento hace las veces de placentera cama.
Esto le ahorra ventajosamente mucho trabajo porque basta ponerse en cuatro y ya se está listo para la siguiente comida, sin necesidad de ningún movimiento desenergizante.
Se hallan ella y su lucido y vivaz mamífero bóvido que presenta cabeza gruesa desprovista de cuernos por el momento. Ambos (vaca y becerro) esperan serenamente el tiempo, mientras rumean sabrosa cantidad de materia orgánica.
El pequeño rumiante no ve la hora en que grande y fuerte, hecho todo un toro, tenga piel más dura y más brillante, y atas más gruesas y sobre todo los cuernos, que él sabe bien que son el distintivo honorifico ante la sociedad de bovinos, si en algo le disgusta crecer es en que su cola se volverá menos ágil como ya lo ha comprobado espantosamente en los mayores. Se pone sobre sus flacas pero raudas patas, da unos juguetones brinquitos, una rápida carrera por acá y otra más allá ara desperezarse. Ve venir velozmente a un mamífero domestico de olfato fino, inteligente y fiel al hombre.
Lo espera un poco agazapado y en un repentino movimiento (estando ya muy cerca el canido) avanza hasta chocar su cabeza con el costillar muy visible del otro mamífero. Este sorprendido y dolido del súbito ataque gruñe y ladra: “Ten más cuidado bóvido insulso con lo que embistes no vaya a ser que por desgracia termines con la vida de algún inocente.” El becerro muy asustado por la voz y carácter del mamífero colmilludo profiere un mugido desesperado. Su madre acude en seguida ataca despiadadamente al colmilludo. Lame en la frente al escandalizado vacuno tranquilizando así sus miedos, le aduce que no se preocupe que el gruñón ya se ha ido y que en lo venidero no intente jugar con mamíferos antisociales e irritables, y es que hay animales que no saben como tratar a los peques, y seguro eso se debe a los antepasados.
El can que ha escuchado todo gracias a su buen oído, dice para sí: “Si tuviera yo hambre, y un buen grupo hambriento de amigos esta vacucha pagaría sus mugidos, porque en lo que se refiere a cachorros soy muy más cariñoso de lo que esa, vaca incapaz de acariciar con sus pezuñas, podrá ser en su vacuna y lechera vida.





III
En la zona más meridional de Malawi donde el relieve presenta una altiplanicie ondulada por donde corre el río Shire, el clima tropical es idóneo para que proliferen el bosque y la sabana, y es más ideal aun para que un mamífero de gran tamaño que tiene una larga trompa formada por la nariz y el labio superior coma alegremente moviendo alegremente su diminuta cola.
Y vaya que seria un ligar perfecto para descansar, sino fuera por un ave zancuda de cuello alargado y silueta esbelta que no deja de molestar diciendo que ridículo te vez paquidermo deforme y rechoncho estirando tu larga trompa hasta el suelo y a veces hasta lo profundo de las aguas de la orilla del rio Shire, y continúa:
-Dime mi bestial amigo, ¿Por qué creciste tanto si tu comida esta muy cerca del suelo? ¿No viste que era innecesario crecer demás? Jajaja… mira tu nuca encorvada de tanto agacharte, y tus grandes y pesadas patas te hacen imposible los movimientos raudos como a mi… ¿acaso no es inútil tu voluptuosidad?
El paquidermo se queda callado comiendo sabrosas algas por un momento. Luego dice ni enojado ni sonriente:
-Pues por la misma razón que tú tienes las patas esqueléticas al igual que tu cuello. ¿O es qué no te has dado cuenta que tus patas larguiruchas y tu largo cuello son feúchos e innecesariamente largos, puesto que tu comida esta en el fondo del agua, ahí donde solo tu pico es útil?
El ave zancuda estupefacta, calló, meditaba cómo podía salvar su dignidad, lo que la tenia muy distraída. Distracción que aprovechó el paquidermo para rociarle gran y hedionda cantidad de agua a la flacucha garza con su fuerte trompa.
En vista que el ave zancuda no se largaba con sus averiguaciones a otro lado, el paquidermo la amenazó con sentársele encima, a lo que el ave zancuda, de cabeza pequeña, con moño largo y gris, pico prolongado y negro, respondió con un estridente graznido y un aleteo frenético de ¡sálvese quien pueda y yo primero!











Padre Nuestro

Padre Nuestro que estas en el cielo
Lleno de toda clase de toda clase de problemas
Con el seño fruncido
Como si fuera un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas.
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Destruyendo lo que Tú construyes.
Él se ríe de ti. Pero nosotros lloramos contigo.

Padre Nuestro que estas donde estas
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente
No sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo


Nicanor Parra

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