Introducción
Siempre que nos sucede algo que cambia radicalmente nuestra forma de ser o vivir, pensamos de alguna manera eso era imposible de esquivar, que tenia que suceder; pero también habrá algunos de nosotros quienes creamos, que los hechos sucedidos son producto de la casualidad, al azar o la circunstancias ¿existe en realidad eso que llamamos destino? ¿Existe un final inevitable?
Hablar del destino ha sido un tema de mucha polémica pues es algo que nos rige a diario. Muchas personas dicen cuando le suceden mas que todo cosas malas “este es mi destino, y tengo que llevarlo aunque sea doloroso” ¿será eso el destino?
La vida es una momentánea luz, no sabemos cómo y cuándo se apagará, pero si estamos seguros que algún día estaremos cruzando el triste ocaso de nuestra existencia ¿ocurrirá porque tenía que ocurrir? o ¿es que alguien a dado a nuestro ser la finitud para que en un momento a otro, nuestra corta vida perezca? ¿Existe una extensión de nuestra realidad que no morirá? o ¿es que como aquel objeto desapareceremos de la faz de la tierra?
¿Qué es el destino?
A veces en el diario vivir, encontramos situaciones difíciles que agobian nuestra existencia, y despiertan en nuestro interior cuestiones que de alguna u otra forma nos proyectan a una verdad que no vislumbramos a simple vista. Nos quejamos que nos pase esto o lo otro y pensamos que sucedió porque así tenía que pasar, y nunca llega a nuestra mente, que existe Alguien que ha ordenado todo, y nada hace que no este fuera de su sabiduría, nada pasa en el mundo que Él no lo permita, y es en este punto donde debemos buscar respuestas a nuestras inquietudes de la vida.
En realidad no es azar el accidente que tuve ayer, la lluvia que empapó la tierra a noche, el problema que me encontré en mi hogar… Lo que ocurre en el mundo no es casualidad, ¿Acaso es casualidad el haber nacido? ¿Es casualidad mi existencia? Toda la materia del mundo obedece a un plan inteligible elaborado por una Providencia Universal, si pasa esto u ocurre lo otro no es porque así tenía que suceder
A lo largo de nuestra existencia encontramos situaciones difíciles que no dejan en paz a nuestra actividad intelectual, nos preguntamos el porqué de nuestro fracaso: ¿por qué, si todo lo llevaba bien? ¿Qué hice para merecerme esto? Y solo nos quedamos preguntando por qué esto, por qué lo otro y jamás decimos ¿Para qué me sucedió esto?
Muchos de nosotros sabemos poco o nada sobre el. A algunos nos aflige, a otros nos importa muy poco otros hacen o ganan su vida hablando a diestra y siniestra. Desde la remota antigüedad en la vida humana hemos presentado cierto respeto y hasta temor por este tema.
Al (afrontarlo) abordarlo debemos primero a aclarar que el hombre existe no por casualidad o porque la naturaleza es esa.
Desechemos la tesis existencialista solo existe esto, no hay nada después, la vida no tiene un propósito y también la materialista somos resultados de un largo proceso de cambio y configuración de la materia por tanto lo que tenemos y podemos producir para nuestro bien es lo único que importa. Y centrémonos en le pensamiento de que hay algo mas después de esta breve estancia y la tierra, nuestra existencia es el resultado no de la casualidad ni mucho menos de la evolución porque ¿Cómo puede haber casualidad o evolución en la nada, nada surge de la nada? Nadie puede dar lo que no tiene. No se le pide un arco iris o un pájaro o una nube a un hombre, no la posee, no puede crearla como nosotros la pedimos. La vida a sido creada, no puede haberse hecho a si misma. Un hombre puede haberse hecho nacer, nadie decide vivir, se nos ha dado la vida como un don.
Vivir a de tener, por consiguiente un propósito, un objetivo, ¿para que fui creado? ¿Hay algo especifico para lo que he nacido? o ¿he nacido solo para las variadísimas circunstancia y situaciones humanas me moldeen y recreen? Sobre la vida: no podemos creer razonablemente tampoco que ha existido siempre en plano humano o material, la ciencia lo ha demostrado; la materia tiene un (inicio y final) un principio y un fin. Así, la vida, la tierra, el hombre nació en un momento dado y así como un niño necesita de su madre para nacer, así la vida, el hombre el mundo necesito de un supremo creador para existir.
Por lo tanto la existencia humana (mi vida, tu vida, nuestra vida) tiene un sentido de ser, un prepósito. No es coincidencia que estés jaca leyendo esto, como no es confidencia de que hayas nacido. Existe el fin y existe la finalidad. ¿Cuál es la finalidad de la vida? ¿Es destruir, es exterminar? ¿No se supone lo que es la vida solo puede generar mas vida, que la luz solo puede crear mas luz, que la violencia solo engendra mas violencia, que la paz solo acarrea paz?
Si en verdad el destino existe ¿puede llegar a conocerse? Es decir puedo saber para que fui creado. Al pensar sobre una finalidad de nuestra vida, muchos piensan que esto es ser pesimista y en realidad la gran mayoría lo ve así: ¿que puedo hacer a mí me toca? Así tenia que ser Lo que tiene que pasar pasara. Estas y muchas afirmaciones pesimistas sobre el destino podemos citar. Por afirmaciones a así muchos se rehúsan a creer. Cometen el pero de las estupideces `pensar que se puede hacer de la vida cualquier cosa, la vida es casual, un oportunidad de vivir el momento y gozar o algo mas inmaduro que eso. Salta a la vista que unos tienen capacidad diferentes a otro, que unos tienen inclinación al arte y otros a la ciencia, que uno gusta de la medicina, otro de la enseñanza y otro de la construcción. Cada uno debería saber que le gusta hacer, que hace bien y cuales son sus posibles oportunidades.
El destino del que hablamos no es que el usualmente se mantiene como “porvenir”, el puede conocerse por medio de la palabra “oráculo”, mucho menos el “pronostico”. La vida humana es muy complicada como para que un “hombre” pueda decirnos exactamente como terminaremos nuestros días sufriendo que cosas, con cuales personas y donde. Y aunque es desconocido sabemos que hay algo que nos espera a delante, que ciertas cosas serán inevitables no pretendemos trasmitir miedo. Hay cosas que son irremisibles. Y por ley natural podemos llegar a conocer, por ejemplo, la muerte de nuestros padres o hermanos, el alejamiento de nuestra familia, el cambio físico- corporal, e incluso podemos prever el cambio en cierto grado de nuestra forma de pensar, ser y actuar; eso influirá en alguna medida en nuestra vida, si llegamos a tenerla.
Nuestro futuro depende de gran manera de lo que hacemos hoy. ¿Hasta que punto podemos influir en el? Alguien a dicho que lo que pensamos ahora seremos en el futuro, otro que el futuro lo hacemos cada día, en tal caso el futuro seria algo inexistente, una especie de presente continuo pretérito.
Teológicamente la predestinación (un sinónimo un poco variante destino) es la eternidad del decreto divinos, es un plan, el plan de Dios para con los hombres. Según eso ya existe un final preestablecido en la vida de cada ser humano, pero no termina hay, destino es el gran misterio de la vida, es la vocación que cada uno trae desde el nacimiento, la elección que hace sobre su futuro. Es más que una simple decisión divina sobre la suerte de cada individuo, más que la decisión arbitraria de los predestinados.
Nuestro destino será es resultado del esfuerzo y trabajo realizado por nosotros mismos. Somos libres de crear y construir nuestras vidas. No debemos tomar en ningún momento a palabra destino con un sentido negativo o fatalista: seremos lo que creemos.
Hay un dicho que iluminan caminos de vida. Es el siguiente:
“Los dioses dejaron en manos de los hombres la manera como estos escojan responder a la circunstancias de la vida; y de las demás cosas… los Dioses no dejaron ninguna en manos de los hombres”.
Podemos hacer mucho por las situaciones presentes y venideras de nuestra vida, tenemos energía y libre albedrío y podemos luchar y mejorar posiciones, o acobardarnos y perder oportunidades. Ante el fracaso podemos tomar dos actitudes: verlo como un tropiezo que pone fin a nuestro camino o como una escala que nos acerca más a nuestra meta. Lo que afecta nuestro destino no son siempre los hechos, si las opiniones que tenemos de ellos, la forma en asimilamos su efecto, la forma en que reaccionamos ante las circunstancias, y esas reacciones y opiniones las decidimos nosotros.
Al elegir un camino de vida, un estilo de vida, marcamos profundamente nuestros días. Me levanto en la mañana y puedo decir: “¡Que hermoso día! ¡Hoy todo será perfecto!” o “¡El mismo solo otra ves, los mismos frijoles, que día tan aburrido será este!”
Y apartar de esa opinión se creara nuestro día. Podemos llorar por todo, renegar y hasta pensar que por que a nosotros; o reírnos de nuestras faltas y tropiezos, intentarlo de nuevo y recomenzar hasta lograr lo que nos hemos propuesto.
Nada es resultado de la nada. Nosotros, nuestro cuerpo fue formado con la cooperación armónica de diferentes sustancias unas más complejas que otras. De igual forma nuestros pensamientos no son producto de la casualidad, se han ido formando gracias a la intervención de muchos y diversos factores: lenguaje, cultura, situación económica, política, social, experiencias vividas, libros leídos, diálogos, amistades, etc. Esos factores han ido moldeando nuestros pensamientos y hasta ahora nos parecen que son independientes, aunque tengan muchas influencias.
Nuestra personalidad es otra característica que al igual que nuestros pensamientos ha sido formada por diversos elementos exteriores (extrínsecos) y también por otros interiores (intrínsicos).
Un ejemplo seria encontrarnos a un mendigo en la calle quien nos pide una limosna. La conciencia social nos dice que debemos ser altruistas con el y ayudarle; nuestra religión, la enseñanza de nuestros padres, los valores aprendidos en nuestra escuela, y que tanto decíamos practicar nos llevan a dar al mendigo un poco de lo que tenemos. Vemos como en esa decisión no solo influyó lo que yo quiero y pienso sino un conjunto de sentimientos extrínsecos.
Las personalidad es fundamental para la formación de nuestro futuro, nuestra capacidad de análisis de la realidad, nuestra actitud e intervención en esta, nuestra conducta ante el dolor ajeno, la pobreza y marginación, ante la enfermedad y desgracia, la riqueza y e placer… define nuestra personalidad y esta a su ves marca nuestro porvenir . Entre mas pronto experimentemos todas esas situaciones, mas rápidamente aprendemos sobre la vida y sobre nosotros y mejor preparados estaremos para recibir éxitos y fracasos y para ser felices.
La mejor forma de aseguraos un bueno futuro es viviendo un buen presente. El éxito de nuestro esfuerzos llegara cuando hallamos escuchado el consejo de los hombres de experiencia y actuado según ellos. Si despreciamos la experiencia de quienes ya vivieron nos arriesgamos a repetir los mismos errores.
Ya hemos dicho que son nuestras acciones presentes las que forman nuestros destinos, también podemos afirmar que lo que hagamos hoy resonará en la eternidad. Tanto nuestras acciones como nuestras reacciones son la base donde se edifica el futuro. Y como ya a dicho uno sabio “todo esta en como se mire la situación”. En definitiva es nuestra manera de ver las cosas lo que nos afecta, y si trabajamos esa manera nuestra de percepción podemos influenciar nuestra conducta, destino y bienestar.
Así como lo que hace rico a un hombre no es cuanto riqueza tiene, si no su poco deseo o ansia de ser rico, así lo que nos dará un destino feliz no es conocerlo y cambiarlo a nuestro antojo, si no nuestras actitudes frente a el (será como si lo tuviéramos en las manos, como si fuera el que nosotros escogimos) ese es el secreto: querer lo que tenemos, para que lo que tengamos sea lo que queremos.
Ante cualquier adversidad o tropiezo debemos actuar con independencia, es decir, el fracaso no debe atarnos, que hayamos fallado una vez no nos hace fracasados, si no la opinión respecto a lo que hicimos.
Respecto a lo que nos gustaría tener y no tenemos, es importante notar que nuestra naturaleza humana nos hace siempre desear cosas que no tenemos, que están en manos de otro (¿Por qué el si tiene eso y yo no? ¿Por qué a el siempre le va bien? ¿Por qué le sucede esto y a mi no?). De hay nace la envidia y consecuentemente la enemistad. Pensemos por un momento en que también existen valores, actitudes, capacidades y habilidades que nosotros poseemos y otros no y las desean. Al examinarnos detenidamente descubrimos que en verdad tenemos mucho que envidiar.
Entonces ¿Por qué en lugar de desear lo que otros tienen no trabajamos con lo que nos pertenece a nosotros? ¿Qué gana un campesino quejándose de que su propiedad esta en un terreno pedregoso mientras que la de su vecino en un terreno plano? ¿Qué gana la tortuga quejándose de su incapacidad para volar? ¿Qué ganamos nosotros pidiendo lo que otros tienen? ¿Qué provecho trae la envidia?
No se trata de se fatalistamente pesimista ni triunfalmente optimistas. Aunque cambiemos nuestra actitud no se solucionaran de manera instantánea u mágica todo los problemas o se nos cambiara la vida a una mejor o de pronto nos encontraremos entados en un trono de oro con corona y reino. Peor de llegar a un equilibrio perfecto de sentimientos, se que pedemos suavizar roses y aliviar penas y aun alcanzar la prosperidad o estilo de vida que decíamos. Todo eso lo conseguimos en la medida en que tomamos la actitud sana de la que ya hemos hablado: hacer todo lo que este en nuestra mano, es decir, no amargarnos la vida por lo que de nosotros no depende.
¿El destino existe o no existe?
El destino, todo ser humano y todo lo creado tiene todo un destino, pero durante la historia muchos quieren cambiarlo, pero en si podemos decir que el destino es algo que no se puede cambiar solo por decir hay que cambiarlo, en ocasiones se puede se puede modificar en cierto grado pero esto es mínimo porque el destino es algo ya estable predeterminado.
El destino es lo que nos depara. Lo que somos y lo que seremos en la historia, nuestro principio y nuestro fin, pero muchos historiadores nos dicen que el destino es algo creado de nuestra mente, pero en cierto día escuche decir “cada persona se forja su propio destino, ¿puedo yo construir mi destino?
Tuve un amigo que estudia mucho pero mucho a la medida que no salía a distraerse, un día le pregunte ¿Por qué estudias tanto?. Y el me respondió, porque quiero un destino fructífero estable y feliz y me lo estoy forjando, y así el obtuvo su profesión con un nivel académico muy algo en lo que a notas se refiere, en cierta ocasión me lo encuentro “drogado” “tomado su familia desintegrada” u por ello no encontraba un trabajo digno y ello me recordaba lo que en aquella ocasión me dijo: “yo estudio porque quiero un destino fructífero”.
Por lo cual puedo decir el destino es un camino en un campo lleno de neblina por el cual avanzamos pero solo podemos ver el lugar donde ponemos los pies y no más allá. Por tanto el destino es el misterio de la vida.
Una narración que nos ilumina al tratar este tema es la siguiente:
En búsqueda de Buda
Buda peregrinaba por el mundo para encontrarse con aquellos que se decían sus discípulos y hablarles acerca de la Verdad. A su paso, la gente que creía en sus decires venía por cientos para escuchar su palabra, tocarlo o verlo, seguramente por única vez en sus vidas. Cuatro monjes que se enteraron de que Buda estaría en la ciudad de Vaali, cargaron sus cosas en sus mulas y emprendieron el viaje que llevaría, si todo iba bien, varias semanas. Uno de ellos conocía menos la ruta a Vaali y seguía a los otros en el camino. Después de tres días de marcha, una gran tormenta los sorprendió. Los monjes apuraron el paso y llegaron al pueblo, donde buscaron refugio hasta que pasara la tormenta. Pero el último no llegó al poblado y debió pedir refugio en casa de un pastor, en las afueras. El pastor le dio abrigo, techo y comida para pasar la noche.
A la mañana siguiente, cuando el monje estaba pronto para partir fue a despedirse del pastor. Al acercarse al corral, vio que la tormenta había espantado las ovejas del pastor y que este trataba de reunirlas.
El monje pensó que sus cofrades estarían dejando el pueblo y si no salía pronto, los demás se alejarían. Pero él no podía seguir su camino, dejando a su suerte al pastor que lo había cobijado. Por ello decidió quedarse con él hasta juntar el ganado. Así pasaron tres días, tras los cuales se puso en camino a paso redoblado, para tratar de alcanzar a sus compañeros. Siguiendo las huellas de los demás, paró en una granja a reponer su provisión de agua. Una mujer le indicó dónde estaba el pozo y se disculpó por no ayudarlo, pero debía seguir con la cosecha... mientras el monje abrevaba sus mulas y cargaba sus odres con agua, la mujer le contó que tras la muerte de su marido, era difícil para ella y sus pequeños hijos llegar a recoger la cosecha antes de que se pudriera. El hombre se dio cuenta de que la mujer nunca llegaría a recoger la cosecha a tiempo, pero también supo que si se quedaba, perdería el rastro y no podría estar en Vaali cuando Buda arribara a la ciudad. Lo veré algunos días después, pensó, sabiendo que Buda se quedaría unas semanas en Vaali. La cosecha llevó tres semanas y apenas terminó la tarea, el monje retomó su marcha... En el camino, se enteró de que Buda ya no estaba en Vaali. Buda había partido hacia otro pueblo más al norte.
A lo largo de la historia el ser humano se ha enfrentado con el gran misterio del destino. En la mayoría de las culturas encontramos mitos que tratan de explicar las diferentes circunstancias de la vida y el propósito de las mismas. También han existido adivinos y oráculos quienes se decían capaces de ver el destino, ya sea de individuos o de estados, como el famoso oráculo de Delfos de los griegos.
Pero cuando aparece en nuestra mente la idea de un Dios todopoderoso que se encuentra por encima de las circunstancias, la pregunta que nos planteamos es ¿Hasta que punto Dios controla nuestras vidas? ¿Podemos ser libres para tomar decisiones que marquen nuestro destino?
En el cristianismo bíblico conocemos que el ser humano va a enfrentarse con solo dos destinos diferentes, la vida eterna o el infierno. Entonces la pregunta que surge es ¿Puede el ser humano decidir cuál será su destino eterno?
La Biblia nos dice que la diferencia entre el cielo y el infierno radica solamente en la fe, es decir en una decisión que el ser humano hace por Cristo, pero ¿Pueden todos los seres humanos tomar esta decisión? O ¿Se encuentran totalmente incapacitados de ir a Jesús debido a la naturaleza pecaminosa, y a la culpa del pecado original? Y entonces ¿Dios capacita solo a ciertas personas para que crean en Cristo y a las demás les deja en el infierno?
Cuando buscamos la respuesta a estas preguntas en las páginas de las Escrituras nos encontramos con gran cantidad de textos que nos hablan de la responsabilidad de las personas en la toma de decisiones, (Juan 3:16) incluso se habla de que el propósito mismo de la Biblia es que el ser humano crea en Cristo y creyendo tenga vida eterna (Juan 20:31). Sin embargo nos encontramos también con aquellos pasajes que utilizan el famoso término “predestinación”(Romanos 8:28,29; Efesios 1:4,5) Y parecen dar a entender que solamente ciertas personas han sido elegidas por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser parte de su pueblo.
Reconocemos que dar una respuesta adecuada a estas interrogantes no es tarea sencilla, como exclama el apóstol Pablo, “¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!, porque, ¿quién entendió la mente del Señor? o ¿quién fue su consejero?” (Romanos 11:33,34).
Escrito por José Martín Hernández Sandoval
Conclusiones
Conocer nuestras capacidades y habilidades con el fin de trabajar en nuestros puntos fuertes.
Asegurarnos de que estamos siguiendo el camino correcto en nuestra vida.
Trabajar cada día por formarnos un buen futuro.
Ser concientes de nuestra vocación.
Bibliografía:
Ø Diccionario enciclopédico de la Biblia Vol. IV, ediciones Garriga, Barcelona
Ø Enciclopedia de la Biblia Vol. III
Ø Porque sufro cuando sufro, 3º edición, Carlos Gonzáles Valles, ediciones Sal
Térrea, España
Ø Diccionario filosófico
Ø Atlas universal de filosofía, grupo Océano, Barcelona España.
Siempre que nos sucede algo que cambia radicalmente nuestra forma de ser o vivir, pensamos de alguna manera eso era imposible de esquivar, que tenia que suceder; pero también habrá algunos de nosotros quienes creamos, que los hechos sucedidos son producto de la casualidad, al azar o la circunstancias ¿existe en realidad eso que llamamos destino? ¿Existe un final inevitable?
Hablar del destino ha sido un tema de mucha polémica pues es algo que nos rige a diario. Muchas personas dicen cuando le suceden mas que todo cosas malas “este es mi destino, y tengo que llevarlo aunque sea doloroso” ¿será eso el destino?
La vida es una momentánea luz, no sabemos cómo y cuándo se apagará, pero si estamos seguros que algún día estaremos cruzando el triste ocaso de nuestra existencia ¿ocurrirá porque tenía que ocurrir? o ¿es que alguien a dado a nuestro ser la finitud para que en un momento a otro, nuestra corta vida perezca? ¿Existe una extensión de nuestra realidad que no morirá? o ¿es que como aquel objeto desapareceremos de la faz de la tierra?
¿Qué es el destino?
A veces en el diario vivir, encontramos situaciones difíciles que agobian nuestra existencia, y despiertan en nuestro interior cuestiones que de alguna u otra forma nos proyectan a una verdad que no vislumbramos a simple vista. Nos quejamos que nos pase esto o lo otro y pensamos que sucedió porque así tenía que pasar, y nunca llega a nuestra mente, que existe Alguien que ha ordenado todo, y nada hace que no este fuera de su sabiduría, nada pasa en el mundo que Él no lo permita, y es en este punto donde debemos buscar respuestas a nuestras inquietudes de la vida.
En realidad no es azar el accidente que tuve ayer, la lluvia que empapó la tierra a noche, el problema que me encontré en mi hogar… Lo que ocurre en el mundo no es casualidad, ¿Acaso es casualidad el haber nacido? ¿Es casualidad mi existencia? Toda la materia del mundo obedece a un plan inteligible elaborado por una Providencia Universal, si pasa esto u ocurre lo otro no es porque así tenía que suceder
A lo largo de nuestra existencia encontramos situaciones difíciles que no dejan en paz a nuestra actividad intelectual, nos preguntamos el porqué de nuestro fracaso: ¿por qué, si todo lo llevaba bien? ¿Qué hice para merecerme esto? Y solo nos quedamos preguntando por qué esto, por qué lo otro y jamás decimos ¿Para qué me sucedió esto?
Muchos de nosotros sabemos poco o nada sobre el. A algunos nos aflige, a otros nos importa muy poco otros hacen o ganan su vida hablando a diestra y siniestra. Desde la remota antigüedad en la vida humana hemos presentado cierto respeto y hasta temor por este tema.
Al (afrontarlo) abordarlo debemos primero a aclarar que el hombre existe no por casualidad o porque la naturaleza es esa.
Desechemos la tesis existencialista solo existe esto, no hay nada después, la vida no tiene un propósito y también la materialista somos resultados de un largo proceso de cambio y configuración de la materia por tanto lo que tenemos y podemos producir para nuestro bien es lo único que importa. Y centrémonos en le pensamiento de que hay algo mas después de esta breve estancia y la tierra, nuestra existencia es el resultado no de la casualidad ni mucho menos de la evolución porque ¿Cómo puede haber casualidad o evolución en la nada, nada surge de la nada? Nadie puede dar lo que no tiene. No se le pide un arco iris o un pájaro o una nube a un hombre, no la posee, no puede crearla como nosotros la pedimos. La vida a sido creada, no puede haberse hecho a si misma. Un hombre puede haberse hecho nacer, nadie decide vivir, se nos ha dado la vida como un don.
Vivir a de tener, por consiguiente un propósito, un objetivo, ¿para que fui creado? ¿Hay algo especifico para lo que he nacido? o ¿he nacido solo para las variadísimas circunstancia y situaciones humanas me moldeen y recreen? Sobre la vida: no podemos creer razonablemente tampoco que ha existido siempre en plano humano o material, la ciencia lo ha demostrado; la materia tiene un (inicio y final) un principio y un fin. Así, la vida, la tierra, el hombre nació en un momento dado y así como un niño necesita de su madre para nacer, así la vida, el hombre el mundo necesito de un supremo creador para existir.
Por lo tanto la existencia humana (mi vida, tu vida, nuestra vida) tiene un sentido de ser, un prepósito. No es coincidencia que estés jaca leyendo esto, como no es confidencia de que hayas nacido. Existe el fin y existe la finalidad. ¿Cuál es la finalidad de la vida? ¿Es destruir, es exterminar? ¿No se supone lo que es la vida solo puede generar mas vida, que la luz solo puede crear mas luz, que la violencia solo engendra mas violencia, que la paz solo acarrea paz?
Si en verdad el destino existe ¿puede llegar a conocerse? Es decir puedo saber para que fui creado. Al pensar sobre una finalidad de nuestra vida, muchos piensan que esto es ser pesimista y en realidad la gran mayoría lo ve así: ¿que puedo hacer a mí me toca? Así tenia que ser Lo que tiene que pasar pasara. Estas y muchas afirmaciones pesimistas sobre el destino podemos citar. Por afirmaciones a así muchos se rehúsan a creer. Cometen el pero de las estupideces `pensar que se puede hacer de la vida cualquier cosa, la vida es casual, un oportunidad de vivir el momento y gozar o algo mas inmaduro que eso. Salta a la vista que unos tienen capacidad diferentes a otro, que unos tienen inclinación al arte y otros a la ciencia, que uno gusta de la medicina, otro de la enseñanza y otro de la construcción. Cada uno debería saber que le gusta hacer, que hace bien y cuales son sus posibles oportunidades.
El destino del que hablamos no es que el usualmente se mantiene como “porvenir”, el puede conocerse por medio de la palabra “oráculo”, mucho menos el “pronostico”. La vida humana es muy complicada como para que un “hombre” pueda decirnos exactamente como terminaremos nuestros días sufriendo que cosas, con cuales personas y donde. Y aunque es desconocido sabemos que hay algo que nos espera a delante, que ciertas cosas serán inevitables no pretendemos trasmitir miedo. Hay cosas que son irremisibles. Y por ley natural podemos llegar a conocer, por ejemplo, la muerte de nuestros padres o hermanos, el alejamiento de nuestra familia, el cambio físico- corporal, e incluso podemos prever el cambio en cierto grado de nuestra forma de pensar, ser y actuar; eso influirá en alguna medida en nuestra vida, si llegamos a tenerla.
Nuestro futuro depende de gran manera de lo que hacemos hoy. ¿Hasta que punto podemos influir en el? Alguien a dicho que lo que pensamos ahora seremos en el futuro, otro que el futuro lo hacemos cada día, en tal caso el futuro seria algo inexistente, una especie de presente continuo pretérito.
Teológicamente la predestinación (un sinónimo un poco variante destino) es la eternidad del decreto divinos, es un plan, el plan de Dios para con los hombres. Según eso ya existe un final preestablecido en la vida de cada ser humano, pero no termina hay, destino es el gran misterio de la vida, es la vocación que cada uno trae desde el nacimiento, la elección que hace sobre su futuro. Es más que una simple decisión divina sobre la suerte de cada individuo, más que la decisión arbitraria de los predestinados.
Nuestro destino será es resultado del esfuerzo y trabajo realizado por nosotros mismos. Somos libres de crear y construir nuestras vidas. No debemos tomar en ningún momento a palabra destino con un sentido negativo o fatalista: seremos lo que creemos.
Hay un dicho que iluminan caminos de vida. Es el siguiente:
“Los dioses dejaron en manos de los hombres la manera como estos escojan responder a la circunstancias de la vida; y de las demás cosas… los Dioses no dejaron ninguna en manos de los hombres”.
Podemos hacer mucho por las situaciones presentes y venideras de nuestra vida, tenemos energía y libre albedrío y podemos luchar y mejorar posiciones, o acobardarnos y perder oportunidades. Ante el fracaso podemos tomar dos actitudes: verlo como un tropiezo que pone fin a nuestro camino o como una escala que nos acerca más a nuestra meta. Lo que afecta nuestro destino no son siempre los hechos, si las opiniones que tenemos de ellos, la forma en asimilamos su efecto, la forma en que reaccionamos ante las circunstancias, y esas reacciones y opiniones las decidimos nosotros.
Al elegir un camino de vida, un estilo de vida, marcamos profundamente nuestros días. Me levanto en la mañana y puedo decir: “¡Que hermoso día! ¡Hoy todo será perfecto!” o “¡El mismo solo otra ves, los mismos frijoles, que día tan aburrido será este!”
Y apartar de esa opinión se creara nuestro día. Podemos llorar por todo, renegar y hasta pensar que por que a nosotros; o reírnos de nuestras faltas y tropiezos, intentarlo de nuevo y recomenzar hasta lograr lo que nos hemos propuesto.
Nada es resultado de la nada. Nosotros, nuestro cuerpo fue formado con la cooperación armónica de diferentes sustancias unas más complejas que otras. De igual forma nuestros pensamientos no son producto de la casualidad, se han ido formando gracias a la intervención de muchos y diversos factores: lenguaje, cultura, situación económica, política, social, experiencias vividas, libros leídos, diálogos, amistades, etc. Esos factores han ido moldeando nuestros pensamientos y hasta ahora nos parecen que son independientes, aunque tengan muchas influencias.
Nuestra personalidad es otra característica que al igual que nuestros pensamientos ha sido formada por diversos elementos exteriores (extrínsecos) y también por otros interiores (intrínsicos).
Un ejemplo seria encontrarnos a un mendigo en la calle quien nos pide una limosna. La conciencia social nos dice que debemos ser altruistas con el y ayudarle; nuestra religión, la enseñanza de nuestros padres, los valores aprendidos en nuestra escuela, y que tanto decíamos practicar nos llevan a dar al mendigo un poco de lo que tenemos. Vemos como en esa decisión no solo influyó lo que yo quiero y pienso sino un conjunto de sentimientos extrínsecos.
Las personalidad es fundamental para la formación de nuestro futuro, nuestra capacidad de análisis de la realidad, nuestra actitud e intervención en esta, nuestra conducta ante el dolor ajeno, la pobreza y marginación, ante la enfermedad y desgracia, la riqueza y e placer… define nuestra personalidad y esta a su ves marca nuestro porvenir . Entre mas pronto experimentemos todas esas situaciones, mas rápidamente aprendemos sobre la vida y sobre nosotros y mejor preparados estaremos para recibir éxitos y fracasos y para ser felices.
La mejor forma de aseguraos un bueno futuro es viviendo un buen presente. El éxito de nuestro esfuerzos llegara cuando hallamos escuchado el consejo de los hombres de experiencia y actuado según ellos. Si despreciamos la experiencia de quienes ya vivieron nos arriesgamos a repetir los mismos errores.
Ya hemos dicho que son nuestras acciones presentes las que forman nuestros destinos, también podemos afirmar que lo que hagamos hoy resonará en la eternidad. Tanto nuestras acciones como nuestras reacciones son la base donde se edifica el futuro. Y como ya a dicho uno sabio “todo esta en como se mire la situación”. En definitiva es nuestra manera de ver las cosas lo que nos afecta, y si trabajamos esa manera nuestra de percepción podemos influenciar nuestra conducta, destino y bienestar.
Así como lo que hace rico a un hombre no es cuanto riqueza tiene, si no su poco deseo o ansia de ser rico, así lo que nos dará un destino feliz no es conocerlo y cambiarlo a nuestro antojo, si no nuestras actitudes frente a el (será como si lo tuviéramos en las manos, como si fuera el que nosotros escogimos) ese es el secreto: querer lo que tenemos, para que lo que tengamos sea lo que queremos.
Ante cualquier adversidad o tropiezo debemos actuar con independencia, es decir, el fracaso no debe atarnos, que hayamos fallado una vez no nos hace fracasados, si no la opinión respecto a lo que hicimos.
Respecto a lo que nos gustaría tener y no tenemos, es importante notar que nuestra naturaleza humana nos hace siempre desear cosas que no tenemos, que están en manos de otro (¿Por qué el si tiene eso y yo no? ¿Por qué a el siempre le va bien? ¿Por qué le sucede esto y a mi no?). De hay nace la envidia y consecuentemente la enemistad. Pensemos por un momento en que también existen valores, actitudes, capacidades y habilidades que nosotros poseemos y otros no y las desean. Al examinarnos detenidamente descubrimos que en verdad tenemos mucho que envidiar.
Entonces ¿Por qué en lugar de desear lo que otros tienen no trabajamos con lo que nos pertenece a nosotros? ¿Qué gana un campesino quejándose de que su propiedad esta en un terreno pedregoso mientras que la de su vecino en un terreno plano? ¿Qué gana la tortuga quejándose de su incapacidad para volar? ¿Qué ganamos nosotros pidiendo lo que otros tienen? ¿Qué provecho trae la envidia?
No se trata de se fatalistamente pesimista ni triunfalmente optimistas. Aunque cambiemos nuestra actitud no se solucionaran de manera instantánea u mágica todo los problemas o se nos cambiara la vida a una mejor o de pronto nos encontraremos entados en un trono de oro con corona y reino. Peor de llegar a un equilibrio perfecto de sentimientos, se que pedemos suavizar roses y aliviar penas y aun alcanzar la prosperidad o estilo de vida que decíamos. Todo eso lo conseguimos en la medida en que tomamos la actitud sana de la que ya hemos hablado: hacer todo lo que este en nuestra mano, es decir, no amargarnos la vida por lo que de nosotros no depende.
¿El destino existe o no existe?
El destino, todo ser humano y todo lo creado tiene todo un destino, pero durante la historia muchos quieren cambiarlo, pero en si podemos decir que el destino es algo que no se puede cambiar solo por decir hay que cambiarlo, en ocasiones se puede se puede modificar en cierto grado pero esto es mínimo porque el destino es algo ya estable predeterminado.
El destino es lo que nos depara. Lo que somos y lo que seremos en la historia, nuestro principio y nuestro fin, pero muchos historiadores nos dicen que el destino es algo creado de nuestra mente, pero en cierto día escuche decir “cada persona se forja su propio destino, ¿puedo yo construir mi destino?
Tuve un amigo que estudia mucho pero mucho a la medida que no salía a distraerse, un día le pregunte ¿Por qué estudias tanto?. Y el me respondió, porque quiero un destino fructífero estable y feliz y me lo estoy forjando, y así el obtuvo su profesión con un nivel académico muy algo en lo que a notas se refiere, en cierta ocasión me lo encuentro “drogado” “tomado su familia desintegrada” u por ello no encontraba un trabajo digno y ello me recordaba lo que en aquella ocasión me dijo: “yo estudio porque quiero un destino fructífero”.
Por lo cual puedo decir el destino es un camino en un campo lleno de neblina por el cual avanzamos pero solo podemos ver el lugar donde ponemos los pies y no más allá. Por tanto el destino es el misterio de la vida.
Una narración que nos ilumina al tratar este tema es la siguiente:
En búsqueda de Buda
Buda peregrinaba por el mundo para encontrarse con aquellos que se decían sus discípulos y hablarles acerca de la Verdad. A su paso, la gente que creía en sus decires venía por cientos para escuchar su palabra, tocarlo o verlo, seguramente por única vez en sus vidas. Cuatro monjes que se enteraron de que Buda estaría en la ciudad de Vaali, cargaron sus cosas en sus mulas y emprendieron el viaje que llevaría, si todo iba bien, varias semanas. Uno de ellos conocía menos la ruta a Vaali y seguía a los otros en el camino. Después de tres días de marcha, una gran tormenta los sorprendió. Los monjes apuraron el paso y llegaron al pueblo, donde buscaron refugio hasta que pasara la tormenta. Pero el último no llegó al poblado y debió pedir refugio en casa de un pastor, en las afueras. El pastor le dio abrigo, techo y comida para pasar la noche.
A la mañana siguiente, cuando el monje estaba pronto para partir fue a despedirse del pastor. Al acercarse al corral, vio que la tormenta había espantado las ovejas del pastor y que este trataba de reunirlas.
El monje pensó que sus cofrades estarían dejando el pueblo y si no salía pronto, los demás se alejarían. Pero él no podía seguir su camino, dejando a su suerte al pastor que lo había cobijado. Por ello decidió quedarse con él hasta juntar el ganado. Así pasaron tres días, tras los cuales se puso en camino a paso redoblado, para tratar de alcanzar a sus compañeros. Siguiendo las huellas de los demás, paró en una granja a reponer su provisión de agua. Una mujer le indicó dónde estaba el pozo y se disculpó por no ayudarlo, pero debía seguir con la cosecha... mientras el monje abrevaba sus mulas y cargaba sus odres con agua, la mujer le contó que tras la muerte de su marido, era difícil para ella y sus pequeños hijos llegar a recoger la cosecha antes de que se pudriera. El hombre se dio cuenta de que la mujer nunca llegaría a recoger la cosecha a tiempo, pero también supo que si se quedaba, perdería el rastro y no podría estar en Vaali cuando Buda arribara a la ciudad. Lo veré algunos días después, pensó, sabiendo que Buda se quedaría unas semanas en Vaali. La cosecha llevó tres semanas y apenas terminó la tarea, el monje retomó su marcha... En el camino, se enteró de que Buda ya no estaba en Vaali. Buda había partido hacia otro pueblo más al norte.
A lo largo de la historia el ser humano se ha enfrentado con el gran misterio del destino. En la mayoría de las culturas encontramos mitos que tratan de explicar las diferentes circunstancias de la vida y el propósito de las mismas. También han existido adivinos y oráculos quienes se decían capaces de ver el destino, ya sea de individuos o de estados, como el famoso oráculo de Delfos de los griegos.
Pero cuando aparece en nuestra mente la idea de un Dios todopoderoso que se encuentra por encima de las circunstancias, la pregunta que nos planteamos es ¿Hasta que punto Dios controla nuestras vidas? ¿Podemos ser libres para tomar decisiones que marquen nuestro destino?
En el cristianismo bíblico conocemos que el ser humano va a enfrentarse con solo dos destinos diferentes, la vida eterna o el infierno. Entonces la pregunta que surge es ¿Puede el ser humano decidir cuál será su destino eterno?
La Biblia nos dice que la diferencia entre el cielo y el infierno radica solamente en la fe, es decir en una decisión que el ser humano hace por Cristo, pero ¿Pueden todos los seres humanos tomar esta decisión? O ¿Se encuentran totalmente incapacitados de ir a Jesús debido a la naturaleza pecaminosa, y a la culpa del pecado original? Y entonces ¿Dios capacita solo a ciertas personas para que crean en Cristo y a las demás les deja en el infierno?
Cuando buscamos la respuesta a estas preguntas en las páginas de las Escrituras nos encontramos con gran cantidad de textos que nos hablan de la responsabilidad de las personas en la toma de decisiones, (Juan 3:16) incluso se habla de que el propósito mismo de la Biblia es que el ser humano crea en Cristo y creyendo tenga vida eterna (Juan 20:31). Sin embargo nos encontramos también con aquellos pasajes que utilizan el famoso término “predestinación”(Romanos 8:28,29; Efesios 1:4,5) Y parecen dar a entender que solamente ciertas personas han sido elegidas por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser parte de su pueblo.
Reconocemos que dar una respuesta adecuada a estas interrogantes no es tarea sencilla, como exclama el apóstol Pablo, “¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!, porque, ¿quién entendió la mente del Señor? o ¿quién fue su consejero?” (Romanos 11:33,34).
Escrito por José Martín Hernández Sandoval
Conclusiones
Conocer nuestras capacidades y habilidades con el fin de trabajar en nuestros puntos fuertes.
Asegurarnos de que estamos siguiendo el camino correcto en nuestra vida.
Trabajar cada día por formarnos un buen futuro.
Ser concientes de nuestra vocación.
Bibliografía:
Ø Diccionario enciclopédico de la Biblia Vol. IV, ediciones Garriga, Barcelona
Ø Enciclopedia de la Biblia Vol. III
Ø Porque sufro cuando sufro, 3º edición, Carlos Gonzáles Valles, ediciones Sal
Térrea, España
Ø Diccionario filosófico
Ø Atlas universal de filosofía, grupo Océano, Barcelona España.
